¿Cuál es tu propósito?

Hay seres humanos privilegiados que tienen la fortuna de saber desde siempre cuál es su propósito en la vida y, además, persiguen su vocación y realizan sus sueños. Otros, bien por falta de visión o por circunstancias personales (como es mi caso), dejamos la visión al margen y nos dedicamos a dar vueltas, probando un poco de aquí, otro poquito de allá. Hay quienes en esas circunstancias viven sin hacerse mayores planteamientos o sin querérselos hacer. Luego hay otros, que somos “culo inquieto” o como dirían los anglófonos “itchy feet” que sería el equivalente a tener un picor en los pies, que podría parecer menos ofensivo que la anterior. Bien, pues estos seres humanos, los que tenemos partes inquitas o que nos pican, nos sentimos incómodos cuando estamos en un lugar demasiado tiempo, al menos, cuando ese lugar no es el nuestro. Es como si nuestra brújula interna estuviera estropeada y sólo fuera capaz de marcar nuestros “no destinos” y, en muchas ocasiones, cuando ya hemos llegado. ¡Aparato inútil!

A veces, pienso que habría estado bien tener una brújula bien afinada de esas que te dicen “por ahí” y tú sólo te limitas a seguir el camino. Pero, por otro lado, veo que ha sido una gran suerte no haber tenido una ruta marcada. Mi vida ha estado llena de experiencias enriquecedoras y contactos con otras culturas; he trabajado en sectores muy diversos, así como en empresas y posiciones variopintas. Pero tarde o temprano mis órganos corporales, esos que he mencionado previamente no paraban de inquietarse o de picar, yo emprendía nuevo viaje en busca de ese norte que en mi brújula sólo podía adivinarse por eliminación.

Os confieso una cosa, a veces, ser yo ha sido agotador. Siempre buscando, aprendiendo o construyendo historias que ha sido y sigue siendo una de mis habilidades. Por eso, como coach narrativo, ayudo a mis clientes a identificar las historias que se cuentan y que dan forma a su realidad, y a descubrir sus auténticas pasiones y motivaciones, para que reescriban su historia.

Hace algún tiempo que todos mis órganos están en paz, sin más picores que los provocados por algún mosquito descarriado. Así que ya veis, parece que esta historia que os estoy contando va a tener un final feliz. Y es que mi brújula defectuosa ha sido una bendición que me ha servido para desarrollar habilidades alternativas con las que transitar por la vida, mientras aprendía sobre personas, comienzos, emociones, rupturas, propósitos…, es decir, a conocerme más y a entender mejor la condición humana.

Compartir mi viaje de autoconocimiento con mis coachees y acompañarles en la reescritura de nuevas historias en las que puedan ser héroes y heroínas de su propio mundo, es mi propósito.

¿Cuál es el tuyo?

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